- El Real Betis palma en Atenas tras un gol de Taborda de penalti.
- Un resultado que deja abierta la eliminatoria… pero que toca mucho la moral.
Atenas. De menos a más. Desde la previa del día anterior… a ver cómo se calentaba el Estadio Olímpico de un Panathinaikos que, aunque vivió el partido con dos tercios de su feudo vacíos, estuvo alentado por treinta mil aficionados griegos. El infierno a medias. Pero el infierno. Ante un Real Betis favorito. Qué suene el himno de la maravillosa Europa League.
Confirmaciones de lo evidente
Y sonó. Y rodó la bola. En un estadio donde la visibilidad es exageradamente mejorable… y con un partido a medio gas. Comenzó el Real Betis buscando dominar ante una defensa ordenada, pero suave. Demasiado suave. Conducciones sin apenas dificultad de Sergi Altimira y destellos de Ez Abde fueron las pocas cosas destacables de una primera mitad con poco fogueo.
El Panathinaikos pareció tomarse más en serio el duelo, aunque el plan de Manuel Pellegrini era claro: madurar un partido que es tan sólo la ida. La eliminatoria es larga. Y eso lo ha aprendido un equipo que maneja mejor los tiempos. Sin embargo, la sensación era de encuentro que se podía complicar para los heliopolitanos.
Aunque quedó simplemente en eso. En sensación. Los arranques de Tetê, los restos de gran futbolistas que le quedan a un Renato Sanches venido a menos y el espíritu no bastaron para derribar la idea que se impuso durante los primeros cuarenta y cinco minutos: el Panathinaikos es muy inferior a un Real Betis a medio gas.
Tres pitidos. Final. Descanso. Un cuarto de eliminatoria ‘solventado’ para Pellegrini.
Decepción de Betis
Larga. O, al menos, eso parecía que se le iba a hacer la segunda mitad a un Panathinaikos que se quedó con uno menos tras dos torpes faltas de Zaroury (ambas a Ez Abde) a falta de media hora. Pero, aunque el Real Betis tuvo algún ataque con cierto peligro, nada de nada. Muy flojo el conjunto de Manuel Pellegrini, que pese a la superioridad técnica, en competitividad dejó mucho que desear.
Y el paso de los minutos favorecieron este discurso. Porque a base de ‘querer más’ el partido, el Panathinaikos mató dos pájaros de un tiro: igualar la cantidad de futbolistas en el terreno de juego y ponerse por encima en el marcador. En una jugada mal defendida por Valentín Gómez y Diego Llorente, este último cometió penalti y vio la segunda tarjeta amarilla. Expulsión y pena máxima. ¿Resultado? 1-0. Y explotó el Estadio Olímpico de Atenas.
Con cinco minutos de añadido, el Betis intentó algún ataque suelto para lograr la igualada. Pero nada. Absolutamente nada. Final. Y decepción. Con un resultado remontable para la vuelta, pero con una versión (anti)competitiva que no logra cortar las malas sensaciones. Dinámica muy tocada.
Real Betis
Sevilla FC

















