- El gallego recuerda su breve etapa en el conjunto de Nervión
La etapa de Iago Aspas en el Sevilla Fútbol Club no dejó una huella especialmente profunda en lo deportivo, aunque sí forma parte de uno de los cursos más exitosos de la entidad hispalense en Europa. El delantero gallego, que aterrizó en Nervión procedente del Liverpool, tuvo que abrirse paso en un contexto de máxima competencia y apenas encontró la regularidad que le hubiese gustado.
Aquel equipo dirigido por Unai Emery contaba con una de las delanteras más productivas de su historia reciente. Carlos Bacca y Kevin Gameiro superaron juntos la barrera de los 40 goles, en un sistema que normalmente apostaba por un único punta. En ese escenario, el futbolista de Moaña solo fue titular en cuatro encuentros de LALIGA y no participó en las eliminatorias de la Europa League, torneo que el cuadro nervionense acabó conquistando en 2015. Su protagonismo quedó principalmente reservado a la Copa del Rey, donde el equipo blanquirrojo alcanzó los cuartos de final.
Números de Aspas en el Sevilla
Pese a ese papel secundario, el delantero cerró su etapa como sevillista con unos números más que aceptables, ya que logró un balance de diez goles y tres asistencias en 25 partidos oficiales. Más allá de las cifras, el atacante guarda un recuerdo positivo de aquella experiencia y, en especial, del trabajo diario con Unai Emery, a quien considera un técnico meticuloso y adelantado a su tiempo.
En una entrevista concedida a los compañeros de El Larguero, el propio jugadores rememoró las extensas sesiones de vídeo que caracterizaban la metodología del entrenador vasco. «Cuando estuve en el Sevilla en 2014, Emery nos daba 45 minutos de vídeos y alguno se dormía. Había gente que no entendía. No entiende a las nueve y media de la mañana un francés que acaba de llegar y le ponen 45 minutos de vídeo estudiando al rival. A Emery tampoco le fue muy mal la carrera, le fue excelente. A veces no todo sirve. Algún extranjero se dormía», comentó el ariete del Celta.
Una anécdota que ilustra el nivel de exigencia táctica de aquel Sevilla campeón y la intensa preparación que marcó una temporada en la que Aspas, aunque sin el rol deseado, formó parte de un grupo que terminó levantando un nuevo título continental.
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