- El Sevilla FC volvió a caer, por segunda temporada consecutiva, en los dieciseisavos de Copa.
- A las puertas del mercado invernal, Antonio Cordón tiene mucho trabajo por delante.
Derrota, derrota, derrota, derrota y, entre ellas, alguna victoria. Es el ‘nuevo’ Sevilla FC, ese que tras años rozando la excelencia tanto en lo deportivo como en lo económico ha cambiado todo ello por mediocridad. Tanta que, hasta de una eliminación copera, algunos se empeñan en vender positivo ese punto de mediocridad.
El Sevilla FC volvió a caer en Dieciseisavos de Final de la Copa del Rey por segunda temporada consecutiva. De forma más honrosa que el año anterior, donde los jugadores le dieron la Cabalgata de Reyes a su gente en Almería. Esta vez fue un Alavés de Primera, pero con tan poco que aterra. Los nervionenses se mostraron sin alma, siendo una vez más el portero el más destacado, en un partido que, al menos a los ojos de aquellos valientes que encendieron la televisión o tuvieron las agallas de cruzarse la península, le sobró a la plantilla nervionense. Mediocridad exacerbada y sensación de alivio porque un Alavés muy limitado solo fue capaz de anotar desde los once metros.
Los últimos minutos del partido demostraron una vez más que el Sevilla está falto de todo lo necesario para competir en la élite. Tan solo Alexis, que dejó patente que los años no pasan en balde para nadie, pudo evitar el descalabro en el descuento, pero erró y el Sevilla consumó la eliminación. No pasa nada. Aquellos que siguen defendiendo lo indefendible venderán que la derrota es positiva. Lo peor, quizá, es que puede que tengan hasta razón. Un equipo que jugando de domingo a domingo está haciendo el agosto a Fremap y a Arduan no está capacitado para afrontar un mes de enero con partidos intersemanales.
La mediocridad como costumbre. Ese Sevilla que hace no mucho disputaba 50-60 partidos por temporadas ahora ya no puede con una Copa que ha vuelto a poner claras las carencias de una plantilla limitada, sin ideas y donde la única nota positiva es que dos chavales como Oso o Castrin, por mucho que ayer saliese en la foto, se han consolidado en la élite para alivio de Matías Almeyda.
Antonio Cordón, que desde aquella irrisoria comparecencia al final de mercado ha mostrado un perfil bajo, tiene mucho trabajo para enero. Tanto como cambiar la cara a una plantilla que demuestra día sí y día también que la falta de ideas y de fútbol es patente a la mínima que enfrente tiene a un equipo medianamente aseado. El objetivo de la permanencia bien merece que Almeyda, quien con sus errores y aciertos tiene al equipo muy por encima de lo esperado, pueda mirar al banquillo sin el temor de ver quién puede hacerlo menos mal. La normalidad de lo catastrófico vuelve a señalar al Sevilla. Un mediocre que, si nada cambia, seguirá haciendo pasar vergüenzas a aquellos que a pesar de todo nunca lo abandonarán.
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