La selección española ha cosechado este domingo, 21 de junio, frente a Arabia Saudí su primer triunfo en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá, con un contundente 4-0. Un escenario más que favorable que ha provocado en los de Luis de la Fuente la satisfacción del que sabe que ha hecho su trabajo; misma sensación que se vivió en España 23 años y 364 días antes, pero sin satisfacción y sin victoria.
El 22 de junio de 2002, hace este lunes exactamente 24 años, España se midió a Corea del Sur en los cuartos de la Copa del Mundo en la que su rival ocupó, junto a Japón, la plaza de local. Un encuentro en el que el protagonista fue el árbitro egipcio Gamal Al-Ghandour.
El encuentro estuvo marcado por varios errores arbitrales que despertaron, por su gravedad, la sospecha que mantienen todos aquellos que lo vivieron, y a los que se lo contaron, de que estaban siendo cometidos con intención de fallar. Los primeros indicios llegaron a partir de faltas y fueras de juego, aunque hubo tres decisiones que abrazaron las quejas del combinado nacional.

La primera de ellas llegó en el minuto 50, cuando el colegiado anuló el cabezazo de Rubén Baraja a la red por falta previa de Iván Helguera. La disconformidad invadió a los jugadores del combinado español, a los que todavía les quedaría por vivir dos episodios más de especial frustración; una emoción que, pese a que la sintieron todos los que vestían de rojo aquel día, hubo uno al que le afectó más que a ningún otro.
Joaquín, el reflejo de un país
Un jovencísimo Joaquín Sánchez de 20 años fue la imagen, con las manos en la cabeza, que se replicó en cada rincón de España y la estampa, sin quererlo, que recorrió todo el mundo durante los días próximos. No es estrictamente necesario describir con pelos y señales la acción que este lunes está de aniversario, en la que el gol de oro de Morientes en el 92 de la prórroga, que le daba el pase a España, fue anulado por un centro del extremo del Betis que únicamente el colegiado consideró inválido.
Castigo para España y especialmente para Joaquín, que minutos más tarde volvió a ser el portador de la credulidad española de que algo fuera de lo común estaba pasando en la ciudad coreana de Gwangju.
Ya en la pena máxima, concretamente en el cuarto lanzamiento, el portero Lee Woon-jae detuvo a Joaquín el penalti que le dio a su selección la ventaja, y las semifinales a un solo acierto, tras adelantarse antes del lanzamiento. El coreano Myung-bo no falló y ejecutó la última patada de un encuentro que 24 años después sigue siendo recordado con lamento en España.






