Noche de recuerdos y para el recuerdo la de este miércoles en el Estadio de La Cartuja. Cada uno lleva la penitencia por dentro y de la forma que puede, con la emoción contenida y el nudo de la garganta de quien sabe cuánto barro se ha tragado para llegar hasta aquí. A escasos minutos de que empezase el encuentro entre Real Betis Balompié y FC Porto, bajo el cielo estrellado de la ciudad de Sevilla, miles de luceros cayeron al verde del feudo cartujano para vivir junto a los suyos el regreso de la UEFA Champions League más de dos décadas después.
Porque hoy no está mi padre, que lo último que hizo fue ver a su equipo descender. Nos dejó el abuelo Manolo y no huele a puro la grada del viejo Benito Villamarín. No está el titi Pepe para abrazar a Juan y los niños. Guille, que es sevillista, levantaría un botellín al cielo y le diría a su padre: “Qué cabrones sois…”. Se fue Pablo al cuarto anillo y Triana aún lo llora. Mi amigo Álex no tenía a su padre Javier al lado para gritarle que el Betis había ganado, pero me tenía a mí y yo vi las lágrimas en unos ojos que nunca dijeron verdad más pura.
Luz propia
Aunque al final brillaron más los ojos que las estrellas, en lo futbolístico hubo una exhibición que opacó todo lo demás. El partido de Isco Alarcón no es solamente una oda al fútbol, sino la confirmación de que no se le puede dar por muerto. Si a principios de esta misma temporada se pedía al malagueño que diese un paso al frente, él ha decidido dar tres. Peleó, corrió, jugó, midió y marcó. Marcó en una jugada que detuvo el tiempo, porque él es el encargado de decidir cuándo sí y cuándo no. Es el metrónomo de un Betis que, pese a contar con jugadores de altísima calidad, ha tenido pocos en su historia como su capitán.
Del recuerdo y la experiencia
Decía Marc Bartra, el otro líder, que este equipo siempre sacaba un aprendizaje aunque la derrota fuera dura, y lo demostró remontando un partido que algunos ya veíamos (y me incluyo) como el del Braga. Sin embargo, este Betis ya no es aquel. Este es un equipo de Champions League, capaz de lo mejor y que tiene tanto licencia para soñar como el derecho a tropezar si un día pasara. Porque no todo el camino será de rosas, algo que el beticismo que ha llegado hasta aquí sabe de sobra. Las espinas pinchan y duelen, pero nunca está de más sacar a relucir las cicatrices del pasado para recordar de dónde se viene.
Historia por contar
Y sin ese pasado no se entendería el por qué fue tan especial la noche de este miércoles en La Cartuja. Porque se vio reflejado en el tifo que mostraba a tres generaciones de béticos viendo con ilusión el sorteo de un equipo que juega la UEFA Champions League por segunda vez en su historia. Porque son seis puntos de seis posibles y nadie, por el momento, ha conseguido puntuar si quiera en un estadio que se ha convertido en un feudo inexpugnable. Porque aún muchos tienen en la boca el sabor del césped de Llagostera y ahora, sin aquel hombro en el que lloraron cuando se perdió la categoría en 2014, comienzan a ser conscientes de a qué sabe la gloria.





