En los partidos como el de ayer es difícil sacar conclusiones de peso. Hay tanta diferencia de nivel entre ambos equipos que medir resultados, acciones o sensaciones tiene poco recorrido. Lo importante en este tipo de encuentros es pasar el trámite, no sufrir, y no acabar con lesionados. Ayer el Sevilla FC cumplió con todas esas directrices. Y con la unidad B. Una alineación inédita, con once cambios con respecto al último partido del lunes ante Osasuna. Nuevos protagonistas, nuevas caras, algunos debuts, pero el Sevilla no perdió la identidad.
A pesar del nivel del rival, vimos al mismo Sevilla que estamos acostumbrados a ver en liga. Salvando la diferencia de intensidad y revoluciones en la que se juega un partido como el de ayer. El equipo salió a por la victoria desde el minuto uno. Sin especular. Serio. Esquivando así una de la claves que podían complicarle la vida en la noche de ayer. Porque en estos partidos la principal debilidad, lo que te puede hacer llegar incluso a perderlos, es la manera de afrontarlos. Los aires de superioridad, y los excesos de confianza pueden jugarte malas pasadas. No salir con el nivel de intensidad requerido, es embarrarte. Son partidos en los que tienes mucho que perder y poco que ganar. Y en la mayoría de veces si se pierde es porque los equipos de mayor categoría se pegan un tiro en el pie.
La segunda debilidad está en que esa motivación para jugar el partido y tomárselo en serio deben encontrarla jugadores que no están acostumbrados a tener minutos. Los suplentes, vaya. Ahí está la prueba de fuego. Y la unidad B de este nuevo Sevilla no se quemó lo más mínimo.
Vimos a los menos habituales con la misma idea y mentalidad. Vivir en campo rival, presionar la salida de balón de adversario y a partir de ahí controlar el partido. Por razones obvias el Sevilla estuvo mucho más cómodo durante todo el encuentro. Pero, a pesar de la superioridad, el plan no cambió. Y eso, bajo mi punto de vista, es la mejor noticia del día de ayer. Juegue quien juegue el equipo no cambia de cara. Sabe lo qué quiere ser, y sobre todo, sabe cómo llegar a serlo.





