Todos se rieron del isleño cuando, hace varias temporadas, habló de sacar del campo a su equipo tras otra absurda actuación arbitral, pero a lo mejor es el único camino posible para acabar con la lacra que rodea al fútbol español y que protagonizan los mismos de siempre. Este fin de semana, con Real Betis y Sevilla FC como víctimas, las decisiones grises favorecieron a los dos de siempre.
El Sevilla FC, que puso el grito en el cielo en su página web y en boca de Luis García Plaza, Juan Iglesias o Kike Salas, tiene motivos para sentirse perjudicado en su visita al Santiago Bernabéu. Tiene múltiples motivos y, de hecho, como parafraseando al lateral vallisoletano, a nadie le sorprende en ese escenario.
Los nervionenses se pueden quejar de un posible penalti de Cucurella sobre Peque, donde el lateral madridista se desentendió de la pelota para arrollar al '10' sevillista, y del que sorprendentemente no hubo ni una sola repetición. Porque por todos es bien sabido, en el campo con más recursos del fútbol mundial, las cámaras no enfocan las áreas salvo que el perjudicado sea el local.
Tampoco hubo cámaras suficientes en la acción que centró las críticas de todos en el día de ayer. Arda Güler se 'quitó' de encima a Peque con un codazo en el rostro y pese a los intentos de Busquets Ferrer por recibir una 'ayuda' desde la sala VOR, la acción se saldó con un 'sigan, sigan' y con tarjetas para Huijsen y Félix. Para más inri, el jugador que debía estar expulsado fue quien abrió la lata para el conjunto madridista.
También tiene motivos para quejarse el Sevilla en la acción del 2-0. Robbie Ure forcejeó con Konaté y pese a caer por un claro agarrón del central madridista en el inicio del ataque que dio lugar al tanto de Mbappé, la acción no se revisó. Donde dije digo, digo Diego. El sábado, en una acción del estilo y con el Real Betis como protagonista, el colegiado no dudó en señalar la mano del Cucho, anulando así el golazo de Lo Celso.
La última acción polémica también cayó del lado madridista. Castrín derribó a Mbappé en el área en su intento de cortar la pelota y sin ver al delantero blanco, pero al contrario que lo ocurrido en la primera parte con Peque y Cucurella como protagonistas, esta vez sí que las cámaras estaban perfectamente conectadas para evitar que el colegiado se contradijese en su decisión.
La realidad, lo de toda la vida, es que rara vez en una visita a Madrid o Barcelona, o cuando juegan en el Ramón Sánchez-Pizjuán, La Cartuja o el Villamarín, alguna decisión gris no caiga para el mismo lado. Porque los árbitros, que pueden fallar como cualquier mortal, prefieren errar del lado del débil. Más aún cuando los grandes, como señaló Luis García Plaza en rueda de prensa, esperan a la mínima para alzar la voz cuando alguna decisión esporádica les cae del otro lado.
Una nueva visita al Santiago Bernabéu donde, como suele ser rutina, el Sevilla no dio la cara en lo futbolístico, pero donde el colectivo arbitral volvió a dejar patente que si tiene que fallar será para martirizar al débil. Quizá Monchi no estaba tan loco, porque la realidad es que hasta que alguien no deje en ridículo el mamotreto de competición que tienen montado de un tiempo a esta parte a ojos del resto del mundo, todo seguirá igual. Como el mismo Santiago Bernabéu dejó patente antes del choque: "No es fútbol. Son Tebas, Negreira...y Florentino Pérez".





