El viaje a Dortmund dio para mucho más que el partido del Real Betis. ZONAMIXTA aprovechó su estancia en Alemania para entrevistar en exclusiva con Anselmo MacNulty, futbolista del Magdeburgo, sevillano y bético desde la cuna. Una entrevista muy especial en la que repasó su trayectoria desde la cantera verdiblanca hasta su aventura en el fútbol alemán, su experiencia con la selección irlandesa y los sacrificios que ha tenido que afrontar para perseguir su sueño de convertirse en futbolista profesional.
P: Bueno, Anselmo MacNulty, ¿aquí es McNulty o Selmo?
R: También Selmo, sí, sí, porque aquí a la gente le cuesta Anselmo, muy largo también.
P: Bueno, Anselmo, estamos aquí en la casa del Magdegburgo. Estás aquí este año, estáis haciendo muy buena temporada al principio. Venís además de plantarle cara al Bayern de Múnich en Copa. Lo primero, ¿cómo te sientes aquí? ¿Cómo has caído?
R: La verdad es que muy bien, he caído de pie. Eso, como tú has dicho, ha empezado muy bien la temporada. Estamos en el quinto, a un punto de tercero, que son play-offs para subir a primera. Y la verdad es que está siendo un año muy bonito, que estoy disfrutando mucho, porque se están dando las cosas bien. Y bueno, ojalá pueda seguir ahí arriba y seguir luchando por esos puestos para intentar subir.
P: Selmo, hemos empezado por la actualidad, pero vamos a empezar por el principio. Pero vamos a retrocedernos al pasado. Porque claro, Anselmo es un nombre español, McNulty no es un apellido español, pero es que eres de Valencia, canterano y bético.
R: Eso es, la verdad que sí. Bético desde que nací. Al final eso no se elige, mi familia, mi padre ha sido bético toda la vida. Y pues me lo inculcó a mí desde pequeño yendo al estadio. Y después se me dio la suerte de poder entrar con ocho años a la cantera del Betis, que pues la verdad ya era un sueño para mí. Y estuve allí durante ocho años disfrutando un montón, hice un montón de amigos, conocí a muchísima gente que me ayudó para crecer como futbolista también, muchísimos entrenadores. Y la verdad que muy feliz todos esos años que estuve en el Betis, porque cada año para mí era un sueño vestir las trece barras. Y también todos los fines de semana yendo con toda mi familia al campo. La verdad que fue un sueño, pero bueno. Yo tomé una decisión, la de salir con 16 años de casa, porque tenía otro sueño que era ser futbolista profesional. Y se separaron ahí nuestros caminos, pero mi sueño sigue siendo volver al Betis algún día.
P: Ahora hablamos de ese camino que recorriste. Pero has hablado de entrenadores y de amigos que hiciste. Me gustaría que recordaras un poco compañeros que hayas tenido, que tú ahora los veas y digas «guau», o entrenadores que hayas tenido en el Betis.
R: Pues mira, así jugadores que conozco, conocí a Fermín cuatro años en la cantera, que pues ya todo el mundo sabe dónde está. Y la verdad que me alegro un montón por él, porque él como persona es un diez y su familia otro. Y también coincidí con Rafa Rodríguez, que fue a jugar con el Málaga el otro día contra el Betis. Y también ha tenido la suerte de llegar al club profesional y de disfrutarlo. Y también me alegro un montón por él, porque tuvo que salir también pequeño de casa a Málaga. Y entrenadores, no podría decirte uno, porque la verdad que todos me han aportado algo. Pero si tuviera que destacar uno es Antonio Sevillano, que estuve con él tres años. Y al final, cuando estás tanto tiempo con un entrenador, pues te marca. Y gracias a él también aprendí mucho.
P: Selmo, ahora te vamos a seguir preguntando por eso, porque a mí me genera mucha curiosidad que siempre hablamos de los futbolistas como unos privilegiados, pero que también hay un sacrificio importante de tener que dejar casa tan pronto. Para que lo entiendan, hasta ahora ha habido un orgullo de familia irlandesa, pero vives en Valencia y te crías desde pequeño. A mí me ha llamado mucho la atención la historia de tu madre, porque no es la única que le ha pasado eso. Pero ¿cómo viene una irlandesa y acaba viviendo en Valencia?
R: Pues bueno, mi madre con 20 y tantos años tuvo la oportunidad de irse de intercambio de Erasmus a Sevilla y le encantó. Se enamoró de Sevilla, de la ciudad, de la comida, del tiempo. Y después consiguió otro año más de la universidad para seguir estudiando. Y ya le surgió la oportunidad, gracias a Guinness, que en ese momento estaba con Cruzcampo, de poder trabajar en Cruzcampo. Y ya después conoció a mi padre, estoy yo, están mis hermanos, y ya pues vivió toda su vida en Sevilla y ella encantada.
P: Bueno, pasas ocho años en la cantera del Real Betis y llega el momento de coger la llave de casa, de dejarla ahí con tus padres y marcharte nada más y nada menos que a Augsburgo, a Alemania. ¿Cómo fue eso? ¿Cómo fue la llamada? Y, sobre todo, ¿cómo fue esa conversación con tus padres?
R: Pues sí, la verdad que sí. Además, no había directo a Berlín también y de Berlín me cogía un tren a Augsburgo. O sea, que el viaje ahí también tenía telita. Pero la verdad que nos ofrecieron un proyecto deportivo buenísimo. Que en su momento era eso, firmar tres años. El segundo año estaría con un filial y el tercer año pues estar mirando al primer equipo y jugar con el filial. Y apostaron por mí un montón. Me acuerdo que vino un ojeador que vino a verme con la selección de Irlanda y le gusté un montón. Y ya se pusieron en contacto conmigo y me presentaron el proyecto en Sevilla. Y bueno, la verdad que fue una decisión muy complicada porque yo tenía todo allí. Pero mi sueño era ser jugador profesional de fútbol y se me estaba presentando una oportunidad muy buena que no podía desaprovechar. Y también gracias a mis padres, que en ese momento me dejaron salir de casa, también les estoy muy agradecido a ellos porque me dejaron soltar alas en busca de mi futuro y de mi sueño.
P: ¿Te emociona un poco esto?
R: Sí, la verdad que sí, porque fue un tiempo difícil también para mí, por cosas personales que pasaron en Wolfsburgo, y he crecido mucho en lo personal y en el fútbol y todo allí. Y la verdad que fue una época dura también con el COVID y todo, pero aprendí mucho y gracias a eso estoy aquí hoy y soy así como persona.
P: De hecho, de las cosas que aprendiste, como hemos estado un ratito hablando con él antes de entrar, aprendiste alemán y eso te ha hecho ganarte mucho el respeto de la gente, ¿no?
R: Sí, la verdad que sí. Aquí en Alemania lo agradecen mucho. Como os he contado, mis padres los dos dijeron que, si iba a Alemania, uno de los requisitos era cumplir con los estudios: me saqué Bachillerato a distancia. Y el otro era aprender alemán, que me pusieran clases de alemán. Y las dos cosas…
P: ¿Y las dos cosas iban en el contrato que firmaste en ese momento?
R: Sí, tenía tres o cuatro clases de alemán por semana y, gracias a ellos, ahora hablo un alemán sevillano, como os he dicho antes. A la gente le gusta mucho y también le parece muy simpático, muy gracioso, que me pueda defender en alemán. Al final creo que es algo que la gente agradece.
P: Todo el mundo entiende que desapareces del foco del fútbol español y del fútbol de cantera en Sevilla durante un tiempo. Luego te veremos triunfando en Alemania o en el Wolfsburgo. Pero me sorprende que, después de la tercera temporada en el Wolfsburgo, el siguiente paso sea todavía más complicado de seguir. Si esto ya lo ve poca gente, el siguiente paso es más difícil de ver.
R: Así es. Lo que pasó en el Wolfsburgo durante el tercer año fue que cerraron el filial. Solo se quedaron lo que sería el División Nord y el primer equipo. Entonces, ese último año sí que pude entrenar con el primer equipo, pero jugaba con el División Nord. Eso me frenaba un poco, porque venía del año anterior de jugarlo todo con el filial. Para mí era como jugar con el División Nord y dar un pasito para atrás. Yo ya, cuando salí de Sevilla al NAC Breda, pasaba a ser jugador sénior, así que no podía jugar con los juveniles y todavía no estaba preparado para jugar en ese momento con los clubes que estaban peleando en Champions League o en la Bundesliga.
P: ¿Y cómo fue ese paso al NAC Breda?
R: Cuando vi vídeos, si lo veis, es un estadio de 20.000 personas. La gente aprieta un montón y vive mucho el fútbol. La verdad es que me quedé impresionado y, a pesar de estar solo un año, me enamoré un poco de la afición y de la ciudad, porque lo viven muchísimo. Fue un paso complicado, porque era ir a Segunda de Holanda y piensas: «Ostras, de estar en el Wolfsburgo, en la cantera, vas a Segunda de Holanda». No sabes qué hacer. Ese primer año en el fútbol profesional, jugar contra delanteros de 35 años, pelearte con ellos, que te dicen de todo, te hace madurar mucho. Aprendí también mucho ese año.
P: Antes has hablado del aspecto personal y del aspecto psicológico. ¿Cómo de fuerte te ha hecho salir del Wolfsburgo por una explicación totalmente entendible y por una circunstancia que tú no puedes controlar?
R: Sí, sí. Al final yo creo mucho en la importancia del aspecto mental en el fútbol, y cada vez lo es más. La verdad es que salir del foco me ayudó un poco también a concentrarme en mi carrera y en mi futuro. Porque, al final, si estás en Sevilla tienes tus amigos, tu familia y, quieras o no, aunque no quieras, a veces te puedes desconcentrar un poco saliendo.
P: En esas noches en las que pensabas «tengo que seguir, tengo que seguir», ¿el sueño de ser futbolista era lo único que te ayudaba a seguir adelante?
R: Sí, la verdad que un poco. Sobre todo en Wolfsburgo fue durante el COVID: cancelaron la liga y no solo no podíamos entrenar, sino que tampoco podíamos volver a casa. Yo tenía 17 años y me pasé seis meses sin ver a mi familia. Estaban mis amigos, pero, bueno, el último año falleció mi padre también. Así que fue un cúmulo de cosas que me ayudó mucho a crecer. Después del fallecimiento de mi padre, que era el que me llevaba siempre a entrenar al campo y me perseguía por todos los campos —en la generación deportiva lo conocía todo el mundo—, eso me ayudó y me motivó aún más. Ahora sí que voy a ser futbolista. Todas esas cosas que he vivido en el pasado me han ayudado a ser la persona que soy y a tener esa visión en mi cabeza de que puedo llegar a lo más alto.
P: El fútbol en ocasiones es muy feo y en otras ocasiones es bonito. En este caso a ti te recompensó el fútbol. No asciendes con el Breda, pero quien se fija en ti y te ficha es el Zwolle. Has estado allí tres años y te llamaban «el muro» en el Zwolle.
R: La verdad que sí. Después de estar en el NAC, disfruté un montón, y esos tres años en el Zwolle sí que los disfruté muchísimo. Me hicieron sentir súper importante. Cuando llegué no sabía la importancia que iba a tener el Zwolle en mi corazón, porque me he quedado allí tres años y he conocido a muchísima gente del club. Es un club muy familiar y la gente allí es súper cercana.
P: ¿Crees en la suerte?
R: Yo creo que la suerte también se busca. Si tú trabajas, si todos los días estás picando piedra y estás en busca de tu meta, creo que tienes más posibilidades de encontrar esa suerte que una persona que a lo mejor ya no trabaja, que dice: «Hoy no voy a ir» o «hoy no lo voy a hacer». Si una persona lo hace todos los días, creo que está más cerca de encontrar esa suerte. Es un pasito hacia la suerte.
P: ¿Venir aquí al Magdeburgo es un pasito hacia esa meta, hacia estar más asentado todavía?
R: Puede ser. Yo vine aquí a Magdeburgo con esa idea, con la meta de ascender. Estaba esperando un proyecto para subir. Después vi el estadio, las instalaciones que tenemos en la ciudad deportiva, que son una pasada. Y, ¿por qué no? Me gusta, soy una persona ambiciosa y, cuando vi este proyecto tan ambicioso, me llamó mucho la atención. Dije: «¿Por qué no? Esto puede ser mi sitio».
P: También, no sé qué nos puedes contar de esto, pero el Magdeburgo no fue tu única opción aquel verano.
R: Sí, la verdad que hubo más opciones en otras ligas también. Pero cuando hablé con el director deportivo y con el míster, y vi el proyecto y la ambición que tenían los dos, las ganas que tenían de mejorar, me gustó mucho. Yo soy una persona también así, muy ambiciosa, que siempre quiere mejorar y ser mejor. Tuve una conexión muy buena con ambos. Después, cuando vine a visitar la ciudad, vi el fútbol, el apoyo de la gente y me gustó la confianza que me transmitieron desde el día uno. Esa fue una de las claves para que viniera aquí.
P: Ha llegado ya el momento de hablar de la selección irlandesa. Además, me has contado una historia que no sé hasta qué punto es cierta, pero que habla de cómo ha cambiado y cómo ha evolucionado todo esto. ¿Puedo contar lo que me has dicho de la selección irlandesa?
R: Sí, sí, es verdad. Yo tenía 14 o 15 años y sabíamos que la selección normalmente empezaba a llamar a jugadores a partir de los 15. Claro, lo normal es que la selección de Irlanda no supiera en ese momento que había un chaval jugando en el Betis que tenía raíces irlandesas. Mi madre se intentó poner en contacto con la selección irlandesa. Ellos respondieron y dijeron: «Venga, pásame tres o cuatro partidos». Les pasamos algunos; no recuerdo cuáles exactamente, quizá un derbi y una final del Campeonato de Andalucía, partidos así buenos para que me vieran. Entonces me dijeron: «Sí, sí, vente, que te veamos en persona». Y desde ahí he ido quemando etapas. Solo me queda la absoluta y estoy ahí, esperando la oportunidad y trabajando.
P: ¿Qué se siente al representar a la selección de Irlanda?
R: Con los años he creado un vínculo enorme con la selección. He hecho muchísimos amigos gracias a ella y he vivido muchísimas experiencias. Gracias a la selección también, a lo mejor, estoy aquí, porque el Wolfsburgo me vio en un partido con Irlanda. Yo también he creado ese vínculo porque, además, una cosa buena que tiene Irlanda y que me gusta es que jugar con la selección, para tu familia y para el país, llevar la bandera y representarla por toda Europa o por el mundo, es uno de los mayores orgullos para el país. Y eso me gusta, porque en España a veces tampoco se vive tanto lo de la bandera, mientras que en Irlanda todo el mundo se siente súper orgulloso de ser irlandés, de la bandera y de representarla por todo el mundo.
P: ¿Cómo te sienta ver que tienes 23 años y todavía no has dado el paso definitivo que quieres dar en tu carrera, pero que, si todo marcha bien, puedes tener más de 15 años de carrera por delante? ¿Cómo es un poquito vivirlo desde esa perspectiva?
R: Así es. Yo siempre he dicho que lo raro es lo de Lamine Yamal: tener 19 años y estar peleando por un Balón de Oro, luchando por ganar Mundiales y por todos los títulos con el Barcelona. Es que eso es lo raro. Lo normal es que tú, con 23 años, todavía no hayas dado el paso definitivo y estés buscando llegar al máximo nivel. En ese sentido soy súper tranquilo, porque tengo muy claro que lo otro es lo raro y que mi camino es lo más normal del mundo. Yo sé que no soy ningún extraterrestre, como puede ser Lamine Yamal, y que tengo que trabajar y mejorar. También me gusta porque forma parte del progreso, de la progresión que estoy teniendo. Disfruto mucho de ese camino y de mejorar cada año.




