- Una segunda mitad de pura supervivencia.
- El VAR, de nuevo a debate… con el Betis como perjudicado.
De Ez Abde… a Valles
Ley del fútbol: si pitas a un futbolista… el karma te lo devuelve. Y eso es tan antiguo que en la jornada retro de LaLiga se volvió a repetir con Ez Abde como protagonista. El marroquí vio como la que fue su casa desató su ira a base de música de viento. Algo que solucionó como mejor sabe: constante desborde y un gol tempranero que parecía indicar un camino ‘tranquilo’ para los verdiblancos.
Pero nada más lejos de la realidad. Osasuna se fue viniendo arriba con el paso de los minutos. Los pamplonicas no le pusieron las cosas fáciles a un Betis que se vio obligado a dar pasos atrás tan contundentes como peligrosos. Hasta que el lío se montó: un penalti a Jorge Herrando, tras un paradón de Valles, que acabó convirtiendo desde los once metros Ante Budimir. Tan grosero fue el error de Valentín Gómez como dudosa una acción con ninguna toma de cámara clara. Aunque el fútbol son detalles… y la risa que se le escapó al rojillo deja una evidencia enorme: el VAR es un auténtico caos en España.
Con el empate y un partido roto desde el inicio se marcaron a vestuarios ambos equipos. Se acerca el final de la temporada y se nota. Cada jornada es un correcalles plagado de nervios propios del partido 38 del calendario.
Lo Celso es el antídoto del Betis.
Volvieron Osasuna y Betis al ruedo… y los problemas verdiblancos no se solucionaron. Osasuna jugó una segunda mitad de chapó. Con un Víctor Muñoz como hombre más destacado, junto a Budimir, de los locales. Un desborde continuo, hasta que Diego Llorente y Amrabat plagaron sus jugadas defensivas de ayudas al carril derecho. Pero el recientemente seleccionado por Luis de la Fuente demostró por qué es un jugador élite.
El único capaz de pararlo fue un Álvaro Valles que se coronó como el salvador del Betis. Constantes intervenciones de nivel muy alto. Por algo la del Betis es una de las porterías mejor configuradas de LaLiga. Aunque Osasuna siguió apretando. Desde el césped… y desde el banquillo, con Alessio Lisci que no le faltó valentía a la hora de meter más gasolina con Raúl Moro.
Pero volvió el antídoto para los males. Regresó Giovani Lo Celso. Y con él, la tranquilidad. Desde que pisó el césped, junto a un Riquelme muy potable, el Betis pasó de dominado a dominador. Con el siempre riesgo de dejar muchos metros por detrás de una defensa sostenida por Diego Llorente, el argentino cogió la batuta. Pese a no estar al cien por cien. Pero dejando muy claro en qué se basaba el gran problema de fútbol del equipo de Manuel Pellegrini: estar sin tus dos mejores futbolistas toda la temporada es un ejercicio de supervivencia titánico.
Con Lo Celso en el campo todo se calmó. Y, pese a que no le daba la gasolina para dar un último arreón que le permitiese acercarse a los tres puntos -no tuvo oportunidades claras-, amarró un empate en un día que todo se pintaba de color negro. Tres pitidos. Final. Reparto de puntos en El Sadar más retro. En un estadio incomodísimo. Y con el peligro de poder perder la quinta plaza.
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